46 Nuestra Resurrección


Todos estamos aquí solo y exclusivamente para resucitar, y cuando digo todos, es desde un átomo hasta cualquier ser vivo de este universo, incluido astros, sistemas solares, galaxias…. La materia prima real del universo, son conciencias, yoes, seres, que nos manifestamos en diferentes niveles según nuestro estado evolutivo y cualidades concienciales. En el universo todo es relativo, irreal, excepto la materia primar que lo crea, los yoes, realidades en si mismas y por tanto absolutas, y lo somos en número incontable. Todos somos sus creadores por igual, con el mismo poder creador, desde la consciencia más humilde de un átomo, hasta los más excelsos seres que rigen galaxias.

Entre todos creamos este universo para resurgir de la inconsciencia, despertar, es la tarea que nos tiene ocupados eternamente. Lo somos todo por naturaleza y solo nos queda tomar consciencia de eso que somos. El universo en su totalidad tiene esa exclusiva finalidad, cualquier otra meta, por buena, bonita, idílica que sea, son solo trámites, estadios, hitos en el camino, estímulos que nos llevan a esa única y última meta: Tomar consciencia de lo que somos. Por tanto no podemos recrearnos o entretenernos demasiado disfrutando de los diferentes estados de conciencia que nos proporciona cada fase en nuestro despertar, cada vez más elevadas, más idílicos, más fascinantes, pero solo son avances en el camino, herramientas de despertar, y que llegado el momento son obstáculos para acceder a lo único importante, al último paso, a nuestra resurrección, a nuestro definitivo despertar.

Si el universo lo hemos construido para resucitar, lógicamente esta opción está al alcance de todos, todo depende de lo que queramos alargar el proceso, por tanto, todo lo que nos ocurra, tanto las cosas gratas como las ingratas llevan esa finalidad última. Aunque de forma especial, estas últimas nos empujan hacia ese fin de forma mas intensa o incisiva, por tanto si no nos alineamos conscientemente con ese propósito, nuestro ser nos van a impeler una y otra vez, y cada vez de forma más apremiante a que esto ocurra, osea más dolorosa o penosa.

Teniendo en cuenta qué el placer nos adormece y el dolor nos despierta, con este último es con lo que más nos vamos a encontrar, sobre todo si nos entretenemos demasiado. De hecho el universo es un instrumento de dolor, sufrimiento y adversidades, creado por nosotros con ese único propósito. Las diferentes etapas o estados de conciencia de los que podamos disfrutar, solo ocurren para aliviarnos de esta intensísimo proceso, hacer el camino más llevadero, pero la verdadera felicidad no está ni en la tierra, ni en los cielos, está en ti.

También se abren vías que acortan e intensifican el proceso sin que sea a puro sufrimiento, es la compasión y el servicio desinteresado de quienes nos llevan la delantera, de ese modo nos ayudamos unos a otros, los que van delante a quienes van detrás. Por una parte la luz y, o del conocimiento, que es lo que nos muestra el camino y nos permite conducirnos inteligentemente con más celeridad. En nuestra familia humana esta ayuda viene de la estirpe de Jesús de Nazaret, y es tutelada por él, representando el principio masculino de nuestra divinidad. Y por otra parte la energía de despertar, que directamente nos resucita una vez dadas la condiciones, y que otros seres custodian, es el bagaje energético de otra raza, que en esta humanidad es custodiado por María de Magdala, tutelando nuestro principio femenino.

La resurrección es tomar consciencia directa de lo que somos, no hay mediación, es una percepción directa de lo que somo hacia lo que somos. No hay un ojo, un punto de vista u observación, tal como disponemos desde nuestro cuerpo físico. No hay una consciencia localizada como ocurre con nuestra alma, un alma que viene siendo nuestro estado superior de consciencia y acumula todas nuestras experiencias durante millones de años, tampoco se trata de ver lo que somos desde fuera, desde un estado de consciencia expandida o superior que observa todo. Se trata de verse a si mismo lo que somos, desde todo los “puntos” y dimensiones que somos como absoluto. Lo absoluto viéndose, sintiéndose plenamente así mismo.

No hay nada en el universo más que eso que somos en esencia: Eres el creador, eres la materia con que creas y la magia creadora. Cuando creamos, no solo creamos mundos materiales, sino que creamos todos los planos de existencia, creamos tantos los cielos como los infiernos (el árbol toroide). No hay nada mas allá, pues somo lo absoluto y único, no hay nada por encima ni por debajo pues somos lo supremos y la nada infinita. Eres el rey, el eterno soberano de todo, nada se puede hacer sin ti, sin tu eterna presencia y autoridad. Nada existe que no haya surgido de lo que tú eres.

Cuando por fin en nuestro horizonte se nos presenta nítido esa opción, aun queda salvar el último escollo, pues son muchas cosas que hay que ordenar y limpiar después de tantos eones de búsqueda, ese último escollo es precisamente hacer limpieza de todo, mucha tarea y sobre todo penalidades, pero todo se puede salvar fácilmente con la rendición, o redención.

Ríndente, deja de aferrarte a lo que no eres, a tus creaciones, deja de aspirar a cosas buenas y bonitas, emociones, sentimientos, logros personales, etc, deja que todo curse tal cual, y rindete por que detrás está tu sabiduría infinita, tu magia inagotable conduciéndote a tu resurrección.

Ríndete y sé, deshazte de tu ego y testifica de ti, para ti y mismo, y para siempre lo que eres. Lo inconmensurable, el poder ilimitado. Solo hay un día eterno, solo estás tú, presidiendo con infinita majestuosidad y gloria ese día, iluminando todo con una luz mayor que la que ilumina este universo.

Despiertas y ve todo. Cuando digo todo, es mucho mas allá del universo, en realidad el universo es una creación una proyección apenas insignificante de lo que tú eres. ¿Quieres saber cuales son los instrumentos creadores y la totalidad de la creación, todos los planos existenciales y todos los mecanismos que intervienen, aun los más ocultos? Ve los entresijos, las tripas de la creación, ve la grandiosidad que eres como creador, ve eso que solo tú eres, todo lo que se pueda imaginar de belleza, sabiduría, majestuosidad, gloria. Enciende la luz radiante de tu consciencia de más de un millón de millones de soles para ver todo eso que eres, y verlo en tu momento eterno, y preparate a ver y resistir el mayor espectáculo imaginable. Sorprendente de lo que eres y fúndete en la única realidad. Tú eres lo único y real. No hay nada más que tu magia, tu esencia, tu belleza, tu dulzura, tu delicadeza, tu poder, tu gracia, tus caricias, tu fragancia, tu música, tu inocencia, tus increíbles creaciones que vuelan infinitas, inimaginables, sorprendentes, y que surgen como un torrente sin fin de ti. Resucita, y ya. Ya terminó todo, y empieza tú. Bendito mio. Eres tú, por fin. Tu yo, por siempre, en nuestro ahora eterno.

Esta entrada fue publicada en Categoría Blog 1 y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *