40 El poder de resurrección.

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TEMA 40:  El poder de resurrección

Leer primero el TEMA 31

Hemos de entender por resurrección el despertar definitivo y pleno de nuestra conciencia a la realidad que somos. Ser plenamente conscientes y en todo momento de lo que realmente somos en todos sus aspectos y dimensiones.

Renacer es recapitular desde cero todo nuestro proceso de resurrección, es un proceso cíclico, hasta que llegamos a nuestro nacimiento real o definitivo. Las experiencias en la carne son necesarias para acelerar nuestro despertar, cada nacimiento nos deja en un punto más elevado, iluminado  o sólido de conciencia en sí.

Llegado el momento tenemos la oportunidad de resucitar, esa vida se rodea de todos los símbolos y códigos de poder que favorecen ese proceso y la vida se jalona con las pruebas y vivencias necesarias para alcanzar las cualidades mínimas necesarias que se requieren para que nuestro despertar definitivo ocurra.

Este proceso viene tutelado por padres y madres del espíritu. Cada civilización tiene su padre y madre, en nuestro caso son quienes conocemos cómo Jesús y María Magdalena.

La labor de Jesús en cierta medida ya la conocemos, básicamente transmitir las enseñanzas que nos permiten avanzar más rápidamente en nuestro proceso de despertar. Los padres del espíritu por tanto aportan luz y conocimiento, y el papel de las madre del espíritu apenas es conocido, pero es el más próximo a nosotros, y nos aporta la energía creadora o el magnetismo. La energía que desde abajo, desde la tierra, nos amamanta y nos hace crecer espiritualmente. María Magdalena, como madre del espíritu, está presente en todos nuestros nacimientos, construyendo y dando a luz nuestro vehículos mentales, pero cuando una vida se programa como nuestro nacimiento real, entonces ella está especialmente presente en ese proceso, para llegado el momento aportar la energía necesaria y dar el último empujón.

Una vez resucitamos de la inconsciencia, ya no nos hace faltan más vehículos de manifestación: cuerpos físicos, emocionales, mentales, incluso el alma o cuerpo causal se disuelve, estos simplemente han tenido el propósito de ser medios, instrumentos en nuestro camino de resurrección, ahora solo queda nuestra consciencia pura en si misma, perfectamente nítida, viva y radiante, iluminando todo lo que somos, lo absoluto, lo eterno. Somos totalmente conscientes de nuestro poder creador y sabemos que somos dios mismo. Nada se puede ocultar ante la consciencia de un resucitado, ni nada más allá hay, por que somos lo absoluto, nada superior hay por que somos lo supremo, ni nada más poderoso puede haber por que Yo Soy el soberano del universo.

Un ejemplo de consciencia resucitada la tenemos en Jesús, si bien Jesús ya era rey del espíritu cuando nació, vino a tutelarnos en nuestra etapa final y entre ella a mostrarnos el camino para poder ser reyes del espíritu. Para esa función necesitaba promocionarse como rey de reyes.

Ciertamente cuando eres rey no necesitas, por razones kármicas encarnar, no quiere decirse que se sea perfecto por eso, pero las cuestiones cruciales que tienen que ver con el servicio y la entrega desinteresada a los demás están firmemente establecidas. En ese caso solo si se viene con un propósito de servicio  o a resucitar es necesario encarnar.

A saber, Jesús nos mostró el camino de la resurrección en cinco etapas. Las cinco etapas que nos restan: el bautismo, la tentación, la transfiguración, la crucifixión y por fin la resurrección. Aquí hay que añadir una etapa que ya hemos trascendidos todos, el nacimiento a la luz. Nuestra evolución está marcada por dos fases importante, una de absoluta inconsciencia u oscuridad, que es cuando cursamos por los reinos mineral, vegetal y animal, que se caracterizan por no tener ojos. Los ojos marcan nuestro nacimiento a la luz, nos permite empezar a ver la luz que somos, que hay en nosotros. Encarnar en animales con ojos es empezar a ver la luz al final del túnel.

Cuando el cuerpo físico de Jesús murió, este fue sometido a un ritual de magia negra potentísimo, para impedir que se empoderase como alma. El Sanedrín, magos negros conocedores del medio astral y como operan las almas y energías en ese plano, por miedo a que después de muerto y sabiendo la magia que manejaba pudiese ser un peligro aun mayor para ellos, les llevo a hacer tal ritual. Recordemos que José de Arimatea, que se llevó el cadáver de Jesús, era sacerdote del sanedrín, y Nicodemo era el segundo en autoridad.

María Magdalena en ese momento había sido recientemente coronada reina, en el ritual de la cruz, y como tal, madre real, y por tanto portadora del poder de despertarnos a nuestra realidad, osea de resucitarnos. Ella va al sepulcro, de madrugada, a horas inusuales, intuyendo que algo va mal, alarmada por la situación en que se pueda encontrar Jesús, que como consecuencia de ese ritual se encuentra atrapado en las capas más densas del astral. Es con ese propósito que acude al sepulcro, pero la ayuda que le reporta no solo lo libera de esa situación sino que lo lleva más allá, y lo despierta. Lo resucita definitivamente de la inconsciencia eterna.

Bien, pues durante estos próximos mil años, nuestra madre reina nos va a acompañar en este proceso. Tiene la energía para resucitarnos, pero nosotros, individualmente tenemos que preparar las condiciones para que eso ocurra, generar nuestra propia energía, el estado y la atención sobre nosotros mismos necesaria para estar permanentemente despiertos, y que nos permita iluminar todo con nuestra consciencia. Conocernos significa encendernos literalmente, generar nuestra propia luz, pero para encendernos del todo necesitamos un empujón, un impulso, y eso es lo que hace nuestra madre del espíritu: Darnos a luz definitivamente y para siempre.

Su función es similar a la de un cebador de un tubo fluorescente. A un tubo fluorescente le aplicas la corriente eléctrica directamente y no pasa nada, tienes que provocar a modos de descargas para que se encienda. Esa es la función del cebador, cuando ya se ha encendido, el cebador ya no hace falta, se puede retirar y el tubo fluorescente queda encendido. Del mismo modo ella tiene el poder de despertarnos, tiene ese extra de energía específicamente para esa finalidad, y que llegado el momento descarga en nuestra consciencia y la resucita, dejándola encendida para siempre.

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