38 El Hijo. La estrategia de plenitud de lo absoluto.

(Se recomienda empezar los temas desde el principio, empezando por el TEMA 1)

TEMA 38

Es importante aclarar que, el hijo no es la creación de un ser, así como creamos un cuerpo o cualquier otra cosa desde cero. El ser que somos cada uno de nosotros, y que habita un cuerpo, no es creado, ha sido siempre, es eterno. Todos somos eternos y lo absoluto, el Hijo simplemente es una estrategia para perfeccionarnos así mismos como absoluto que somos, indefinidamente. Aunque realmente lo único que cambia, como estado del Ser, en todo este proceso es el despertar de conciencia tal y como vimos en el TEMA 31. Por tanto el Hijo al final del proceso es nuestra consciencia despierta.

También es importante aclarar que la divina trinidad, a diferencia de lo que nos presentan las religiones patriarcales, con el único propósito de eliminar el protagonismo divino de las energía femenina, es, el Padre, el Hijo y la Madre. Aunque el Espíritu Santo si tiene que ver con la Madre, pues es un reflejo o emanación holografía del espíritu o conciencia colectiva, a través de la Vasija creadora o Santo Grial que es nuestra Madre, es lo que vemos como luz blanca, y percibimos como mundo real en interacción con nuestro sentidos.

Lo absoluto se manifiesta así mismo en formas geométricas. Es difícil sino imposible imaginar con nuestra mente tridimensional la forma geométrica de lo absoluto, pero podemos hacernos una idea aproximada si consideramos en nuestro concepto geométrico tridimensional otra abscisa: Lo infinita mente grande a lo infinitamente pequeño. Hemos de tener en cuenta que el universo es una proyección en una dimensión inferior de lo absoluto. La primera manifestación del universo ocurre en esa abscisa, una diferencia de potencial entre lo infinito grande e infinito pequeño, una primera separación o escisión que solo puede manifestarse en esa dos direcciones: Infinito grande -infinito pequeño. Y esa escisión crea la dualidad que requiere imperiosamente reunirse como el uno que es, creando la diferencia de potencial y por tanto las corrientes de energías entre esos polos: infinito grande el Padre y del infinito pequeño la Madre. Es la primera dualidad que hace lo absoluto, una escisión, separación, desequilibrio que siempre busca equilibrase imperiosamente, reunirse como uno solo que es. Ese trasiego de energías con cualidades diferentes, esa estrategia, es el Hijo.

Como dijimos el Hijo no es algo nuevo, sino una estrategia de perfeccionamiento y de conocerse así mismo lo absoluto. Conocerse así mismo pero siempre en un proceso de mejora y perfeccionamiento y de superación de si mismo.

Jesús nos dejó esa estrategia en su legado póstumo: “Amaros los unos a los otros como yo os he amado”. El nos amos con amor fraternal. El amor del padre al hijo es un amor superior al que se pueda profesar así mismo. El amor tanto de un padre y una madre por sus hijos es mayor que el que se tienen así mismos.

Fijaros que la ley anterior a Jesús decía: “ama al prójimo como a ti mismo”. Eso está bien y es muy deseable, al menos en este mundo. Pero fijaros también que ese amor nos condena a la inmovilidad, al ostracismo, podemos estar muy bien compartiendo y en justicia pero no está el estimulo de la superación del perfeccionamiento. Salvando las diferencias, viene a ser como las ideologías de tipo socialistas, en un principio es un ideal muy bueno y deseable, el que se compartan los derechos de la Tierra y los derechos sociales en igualdad de condiciones, pero ese mismo sistema está condenado a la inmovilización y en casos a la involución, por cuanto no tiene el estimulo de la superación, al no existir la iniciativa privada, y no gestionar la economía como algo individual, de propiedad.

Con la divinidad podemos establecer esa comparación, y por tanto debe haber ese estimulo a la superación, y ese es el amor al Hijo. Al considerar a los hijos como propiedad, algo que ha surgido de nosotros, una parte o prolongación de nuestro ser, dejamos en ellos todo nuestro esfuerzo y legado. Por eso Jesús derogó la ley anterior de igualad: “Ama al prójimo como a ti mismo” por “Ama al prójimo más que a ti mismo”.

Y todo su conocimiento lo plasmo en una única estrategia. El no trajo un nuevo conocimiento, es mucho ya el conocimiento que había, y no era necesario más, se trataba de simplificar todo en una estrategia. Esa fue su especial aportación, que por cierto las religiones han obviado, aunque ya sabemos que las religiones no es precisamente que hayan estado al servicio de nuestra divinidad, ni mucho menos servir al propósito genuino de Jesús.

Podemos decir por tanto que, el amor a los hijos es la estrategia del universo, de los absoluto, para superarse así mismo y hacerlo en perfeccionamiento infinito hasta nuestro completo despertar.

Los hijos siempre superan a los padres, como es abajo es arriba, y es así como los padres lo desean y se esfuerzan plenamente por ello. Cuando dijo Jesús “Sois dioses y cosas mayores que yo haréis” estaba señalando este proceso. Él se presentó a nosotros como nuestro Padre “Quien ve a mi está viendo al Padre”. No se refería que estaba representando a su padre, sino que él había asumido la responsabilidad de tutelarnos y había sido envestido por los dones, la energía y la gracia del Padre (de nuestro Padre Eterno, de esa energía escisión de lo absoluto en lo infinitamente grande). Su padre al que él se dirigía, en el caso que se refiriese al dios del antiguo testamento, en este caso es nuestro “abuelo”, pero no nuestro Padre. Y llegado el momento que cada uno de nosotros asumamos las responsabilidad de ser Padres o Madres del espíritu, seremos mayores y haremos cosas mayores que nuestro Padre y Madre, y del mismo modo nuestro hijos nos superan, esa estrategia de superación que es el Hijo, colma indefinidamente lo absoluto, nos colma de perfección, de amor, de majestuosidad, de gloria infinita … y, por fin nos despierta.

Esta entrada fue publicada en Categoría Blog 1. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *