35 Nuestra cruz de respaldo. El misterio más profundo

(Se recomienda empezar los temas desde el principio, empezando por el TEMA 1)

TEMA 35

El día 7 de Enero tengo la oportunidad de invitar a nuestra reina a ver el lugar, y es a los pies de ese pequeño santuario que le voy comentando los símbolos que ahí se reúnen y que presiden esa calle. Ella no sabía que había nacido en esa calle, y le digo: Carmen ¿Sabes por que no nací en ese barrio, en el que estuvimos el otro día? Por que tenía que nacer en esta calle donde se reúnen los símbolos para mi nacimiento real.

Luego de un tiempo de tratar sobre los símbolos que allí se exponían la invito a recorrer la calle hasta el otro extremo, donde estaba la casa que nací, y por el camino hablándole de algunas vivencias que marcaron esa etapa de mi vida. Llegamos donde se encontraba mi casa, el N.º 6 (ahora ya no está por que hay una nueva construcción) y le comento sobre la importancia del numero 6 como símbolo, no como número, tal y como he referido en el TEMA 34 anterior. Y ya concluido, y como la vivienda estaba al principio de la calle, muy cerca del cruce, me señala el cruce, y me dice : y la cruz.

Bueno, esto de la cruz en un primer momento me pareció una obviedad, no hay nada de especial o singular en un cruce de calles, por que cruces hay por todos lados. Pero como quiera que todo lo que venga de ella le pongo especial atención, por simple que aparente ser, pues ya he tenido varias lecciones en ese sentido, es entonces que reparo en dos acontecimientos que viví de pequeño desde ese cruce. Son dos recuerdos, los únicos que se me han quedado grabados en la memoria en relación a ese cruce: Un accidente de tráfico, que en aquella época, años 60, donde apenas habían vehículos en el pueblo, era un hecho más que insólito. Mi calle, aun siendo una calle céntrica todavía era de tierra, y se podía jugar tranquilamente en la calle sin que supusiera ningún riesgo, podían pasar horas sin que pasara un vehículo a motor. Pues en ese cruce chocaron una moto y un coche, donde el motociclista salio bastante mal parado, ese fue un hecho que por su dramatismo se me quedó marcado. Y el otro hecho que recuerdo, este escasamente como el fotograma de un sueño, pues debía ser muy pequeño, es ver como ponían la cruz del convento, como la izaban concretamente. De modo que en ese cruce, como únicos recuerdos, tenía un hecho dramático, el accidente de trafico, y la colocación de una cruz, que dada su ubicación presidia el pueblo, pues el convento, en su desnivel un tanto más elevado, y en aquel tiempo prácticamente en los límites de la población, era ese el efecto que causaba.

En día posterior, dándole vueltas a esta puntualización que me hace nuestra reina, y pensando en las dos cruces más emblemáticas del pueblo: La cruz del convento y la cruz de los caídos, construida esta última con anterioridad a la del convento, y situada en el centro del pueblo, y que como hablamos en el TEMA 8 fue demolida, me doy cuenta de algunas diferencias: La cruz de los caídos es una cruz de carácter político. Fue una construcción franquista en memoria a los caídos en la contienda civil de 1936, era la cruz de nuestra división y enfrentamientos, eran nuestra cruces sumadas reunidas en esa única cruz, y precisamente situada en el centro del pueblo. Una cruz que estaba sostenida por un pilar hecho de ladrillos, como simbolizando cada ladrillo a cada uno de sus gentes. Era nuestras cruz política, de la gente de pueblo. Su demolición supuso simbólicamente la demolición de todo el sufrimientos y sacrificios que reunimos como colectivo, y lo que ello significa como tributo y purificación como conciencia colectiva. Ese ritual de demolición fue un trabajo de magia negra, entre otras cosas, con el propósito de avivar nuestras diferencias y enfrentarnos violentamente, fue un ataque a un símbolo que en el fondo está gestionando nuestra reconciliación. Sin duda no hubiese traído las malas consecuencias que se pretendía al hacer ese ritual, sino hubiese sido por la respuesta del pueblo. Pero en todo ese proceso, siempre he tenido la impresión de que ha mediado un poder superior, un poder que vela y nos ampara en todo este proceso, que nos ha estado acompañado a todos, manifestado y al hilo de la voluntad mayoritaria del pueblo y sobre todo en sus cambios de conducta que hacen innecesario esos procesos de purificación kármica (es lo que técnicamente llamamos el perdón: Nos hemos perdonando a nosotros mismos una deuda kármica por anticiparnos con los cambios personales que lo hacen innecesario como aprendizaje, pero que viene acompañada, no obstante, por una guía o intervención superior) pues con el propósito de neutralizar ese ataque, es cuando empiezo a manejar la idea de que esa cruz blanca, desde fuera de nuestro centro colectivo, tiene que haber ejercido alguna influencia. Y pienso: ¿Es posible que esté alineada con la plaza?

Con esta idea voy a ver si realmente esa cruz, la cruz del convento, está alineada con la plaza donde se encontraba la cruz de los caídos, y de ese modo si en realidad ejerció y ejerce su  influencia.

Es una observación que no había hecho nunca. Para hacer esa comprobación me dirijo desde la Avd. Suroeste subiendo por la Avd Jaime I. El convento está al final de la calle Correos, y esta calle es prolongación de la Avd. Jaime I. Aunque la calle Correos hace una ligera desviación a la izquierda, osea no está alineada, y por tanto la cruz puede quedar oculta desde la visual de la plaza. Sin embargo, en la media que iba subiendo por la avd. Jaime I, por mi mano izquierda, lo hago con la expectativa que llegado a la plaza se alcanzase a ver la cruz. Espero que esa ligera desviación a la izquierda, al ser poca distancia, y considerando la anchura de la calle, es fácil que permita verse desde la plaza. Pero llego a la plaza y no se ve. Cruzo la calle a fin de irme desplazando a la parte más céntrica de la plaza, pero tampoco. Ya con pocas expectativas me voy desplazando más a mi derecha, y es apurando ese desplazamiento que la veo. Ahí está. Solo en un espacio de unos dos metros se puede ver, pero para verla por entero solo hay un punto en una linea muy precisa, a poco que decantes la cabeza para un lado u otro, ya deja de verse parte de los brazos de la cruz. Ahí está el sacrificio de Jesús, alineado con nuestro sacrificio y amparando, respaldando, garantizado que ese nuestro sacrificio, aunque ha sido demolido eventualmente, no ha sido en vano, tiene el respaldo más poderoso. Nuestra reconciliación está garantizada.

Pocas veces he tenido experiencias con Jesús, muy pocas, y de las pocas muy escuetas, poco ilustrativas podríamos decir, aunque cargadas de un poderoso simbolismo. En varias ocasiones me he propuesto atraer su presencia, “entrar en sus dominios”, pero he salido bastante decepcionado, pues apenas he tenido experiencias dignas de mención, y como padre espiritual siempre esperas más cosas, a diferencia de nuestra madre espiritual de la que estoy reuniendo un bagaje intenso y prolifero de experiencias, del que precisamente estoy dando cuenta. Pues con Jesús, en ese sentido he quedado algo decepcionado, siempre mi impresión es que está entre bambalinas, observado, en silencio, aunque ejerciendo un papel muy importante en todo este proceso, pero muy discreto, un tanto distanciado. Muy similar al papel como padres en nuestras relaciones familiares. Una relación más de retaguardia, distanciado, de puertas para afuera, velando por el sostén de la familia en nuestra relación, dependencia y necesidad que nos une con nuestro entorno social (con el universo), trayendo de afuera el sostén y proporcionando la seguridad necesaria. Un rol donde la madre tiene la presencia más notoria y cotidiana con sus hijos, de puertas para adentro, propias de la labor de crianza, de nuestra etapa como infantes. Esta idea, este rol, es comparable al papel de nuestras madre espiritual, quien brega más directamente con nosotros y está más encima, es por su dedicación nuestro crecimiento espiritual. Este ha sido mi caso, aunque nada de eso seria posible sin el aporte y seguridad que nos proporciona nuestro padre del espíritu en relación a todo nuestro entorno universal que como infantes desconocemos pero del que dependemos y donde en un futuro se ha de expandir nuestro Ser. Será por eso, como infante espiritual, que con Jesús no he tenido apenas experiencias, pero las que he tenido han sido señalando esa particularidad.

Una experiencia con Jesús, relacionado precisamente con esa expansión de consciencia que abre las puertas a nuestro entorno, en nuestra etapa de iniciación adulta, como cuando un padre nos inicia en nuestras relaciones y actividad social, fue después del nacimiento que narro en el TEMA 31. De entrada esa nueva iniciación o estado de consciencia, me pareció una avance espiritual importantísimo, enormemente deseado, pero en la medida que iba analizando las responsabilidades y sinsabores que eso pudiese acarrear, las situaciones difíciles y en casos muy duras con las que seguramente me iba a topar, pues como que empezaron a flojearme la fuerzas. ¿Seria capaz de superar todas esas situaciones y pruebas, dificultades en casos durisimas que ello podía suponer? Y como tampoco veía que fuese preciso aceptar tales responsabilidades, pues ya me planteaba dejar aparcada esa idea eventualmente.

Ser rey del espíritu es un proceso al que estamos todos invitados. No tengo la seguridad si es un paso inevitable para todos en nuestra ascenso a la trascendencia, pero si con toda seguridad, es una opción para todos aquellos que tenemos inquietudes sociales, que vamos acumulando el deseo genuino y noble de servir a la sociedad, de gestionar el bien común en beneficio de todos y dentro de los más elevados propósitos de cumplir con el plan divino de nuestro despertar. Eso es una tarea que supone inevitablemente gran notoriedad, y tener control sobre los estamentos de poder y creadores del espíritu. Y esos instrumentos de control y poder del espíritu, ese estado del Ser, os puedo decir que es espectacular, mágico, nos colma de la mayor satisfacción. Sentirse envestido de la realeza del espíritu y de la responsabilidad creadora es envestirse de la mayor majestuosidad y gloria que podamos imaginar. Pero luego viene la parte difícil e ingrata, y es tener que bregar con la oscuridad de la gente a la que sirves, y os puedo decir que es mucha y muy densa, intentar mediar en ese proceso de nuestro despertar y reconciliación significa que las primera tortas te las llevas tu. Tiene aspectos verdaderamente difícil, ingratos y duros, y pone a prueba nuestra capacidad de resistencia emocional y al sufrimiento, y no en vano, Jesús, a lo largo de su vida, sobre todo en su ministerio público, dejó muestra de ello.

Con anterioridad hice alguna mención a la casa donde vive nuestra reina, que yo digo  esconde un palacio espiritual, aunque en realidad es el cuartel general del sistema. Sobre este asunto os voy a trascribir unas palabra de un gran maestro espiritual, que dicho sea de paso no sé todavía de parte de quien está, dice los siguiente: – “Dentro de lo que es Cataluña uno de los nodos más importante es Montserrat que representa físicamente la glándula hipófisis de Europa, entonces toda Europa recibe la información divina desde aquí, desde Montserrat, por que la hipófisis administra las hormonas de las otras glándulas. Esa es una de las importancias de Cataluña dentro de lo que es Europa, y España obviamente en general junto con Portugal es la cabeza de Europa, son los que miran hacia el futuro a crear los caminos, es el inicio de todos los caminos que están conectados al mundo”. –

Tengo que añadir por mi parte que Montserrat está identificada con un número, que no la sitúa exactamente en la montaña. La vivienda de nuestra reina es la base de operaciones del sistema, la plana mayor, o cuartel general del sistema. Ahí se gestiona el sistema que dirige y regula la evolución del mundo. Cuando en un viaje astral quise entrar, inocentemente pensaba que tenia permiso por parte de ella, de nuestra reina y ciertamente lo tenía para entrar en sus dominios o reino, pero su casa (etérica) se ve que forma parte de un proyecto del que hay más huéspedes o dueños, y de momento me encuentro que para entrar ahí se necesitan unos permisos especiales, muy especiales y elevados, que no dependía de ella, sino de alguna entidad o entidades muy elevadas. Aquello me dejó paralizado y boquiabierto: ¿Que será lo que se cocina ahí para necesitar de esos permisos? me preguntaba. Lógicamente no llegue a percibir directamente lo que allí había, supongo por que mis vehículo etérico y emocional no están preparados para eso, pero las sensación que fui captando desde fuera, es que lo que se cocina ahí es nuestro sistema, y nuestro sistema es violencia, guerras, sufrimiento, sacrificios, rituales de máxima brutalidad, todo el dolor la violencia que genera las capas mas densas de la humanidad y que se traduce en guerras, atentados, accidentes dramáticos, violaciones, catástrofes, etc. Es tal la densidad de energías que generamos, que hay que gestionar kármicamente para que no nos superen, que ahí solo pueden entrar reyes. Y solo pueden entrar reyes por que son quienes están cualificados y probados para manejar esas densísimas energéticas sin ser afectados emocionalmente anímicamente, y poder mantenerse firmes e íntegros en su propósito de servicio, para mediar entre nosotros y transmutar toda esa desísimas energías en un mayor y más acelerado avance a nuestro despertar.

Claro, reflexionando sobre ese asunto ya me empiezo a plantear la conveniencia de aspirar a tan alta responsabilidad, por grata que pueda ser en muchos otros aspectos. Y es cuando tengo una experiencia directa con Jesús, presentando su sacrifico como ese poder de respaldo que garantiza que aun en las situaciones mas difíciles, que a priori creamos que nos puedan superar, vamos a tener ese apoyo que nos permitirá tener éxito en el proceso, claro está, si nuestra determinación es firme y clara. Así entiendo que Jesús en ese ritual de la cruz, en esa potentisima ceremonia de entronización que hizo aquí en la Tierra, no fue para coronarse rey, como ha sido hasta la fecha mi impresión, sino para coronarse rey de reyes, y así garantizar ese proceso a todos quienes aspiremos a esa responsabilidad por primera vez. Una especialísima ceremonia que su trascendencia todavía escapa a nuestras compresión espiritual. En mi inquietud de indagar sobre ese poder, de qué se trata, cómo se ha generado, solo puede atisbar que es un misterio.

En nuestro estado espiritual, cuando fijamos la atención en algo, vamos descubriendo por niveles de profundidad la realidades que se desarrollan en cada nivel, y en esa sucesión de “capas”, en la medida que vamos profundizando, vamos y descubrimos niveles de realidad cada vez más abarcantes, más vividos, más sólidos, y así se va desvelando poco a poco nuestra realidad absoluta. No hay nada oculto a nuestra percepción espiritual en los planos que hemos alcanzado, solo según el nivel de profundidad que podamos alcanzar. El universo surge de lo infinito pequeño, y es en esa capas o niveles de profundidad que se expande el Ser, que desarrolla la capacidad de introspección de cada cual y que le va permitiendo llegar a niveles de profundidad y creadores más potentes y abarcantes. A pesar que es en el centro del centro donde todo se obtiene, su manifestación física, en este plano, y en sus planos paralelos, es cada vez más abarcante. Lo absoluto es así, cada nivel de introspección interna genera planos de manifestación de realidades y de estructuras sostenedoras más abarcantes. De manera que en los niveles que hemos podido conquistar, los planos de manifestación, paralelos, (físico astral, mental, etc,) no hay nada oculto (una vez desencarnados), pero los niveles de profundidad del Ser pueden ser tantos como seamos capaces de alcanzar, y es precisamente cuando indago, trato de penetrar en ese nivel de profundidad, en aquello que fue conquistado en ese ritual de la cruz, que se me manifiesta como un profundo misterio. Es por tanto ese misterio, o realidad conquistada por Jesús, en los planos más profundos del Ser, de Nuestra Consciencia Única, donde ancla nuestro universo, todos sus niveles, o densidades energéticas en los que nos manifestamos y somos creadores, y como padre del espíritu y rey de reyes garantizando nuestro ascenso y despertar.

Con tan notable descubrimiento (la alineación de la cruz del convento) voy a participarle a nuestra reina. La llevo al lugar y le muestro. Solo hay un espacio en dos metros en la plaza donde se puede ver la cruz, pero verla completa solo hay un punto muy preciso. A poco que decantes la cabeza para un lado u otro ya se pierde de vista una parte de sus brazos (me asombra como se ha podido construir la ciudad a lo largo del tiempo dando lugar a esa precisión en la alineación, y anticipando este momento) Y ella me dice.. algo que también me había llamado la atención en su momento, pero que no le había comentado…, ella me dice: Está en la montaña. Efectivamente, a pesar que la cruz se encuentra en un lugar bastante céntrico del pueblo, no está demasiado alta (como en un segundo piso) y por detrás el pueblo todavía se prolongo como un kilómetro aproximado, cosa extraña no hay edificaciones que tapen el fondo de la montaña, y de ese modo esta cruz blanca, de una sola pieza, queda recortada en la montaña. ¿Recordáis donde fue ese ritual? En el monte, desde la parte más alta, la parte más limpia y pura de nuestras consciencia colectiva, en las afueras de la ciudad de Jerusalen, de ese modo, desde el punto más alto, desde la pureza de nuestras alturas, presidiendo toda esa amalgama de densidades, negatividad que generamos en nuestras ciudades, reunidos en nuestras diferencias y conflictos, en nuestros sufrimientos y sacrificios, está esa cruz, velando, proporcionándonos las fuerzas necesarias en esta difícil y dura singladura de nuestro despertar, con ese poder de respaldo anclado en ese profundo misterio, por el que se garantiza plenamente que todo llegue a buen fin.

Posterior a escribir estas lineas me encuentro con una sorpresa aún mayor, que definitivamente desborda mi capacidad de asombro. Una coincidencia que prácticamente eleva al infinito, o a los límites de este universo, sus pocas probabilidades.

La cruz de la montaña me estaba pasando desapercibida, pero gracias a mi hermana, también acompañado de un cúmulo de casualidades, que la descubro. En esos días nuestra reina no está aquí, y cuando tengo la oportunidad, la invito a observar de nuevo el lugar, la alineación, y le recuerdo sus palabras: “En la montaña”. Y le digo: Nunca estaré suficiente atento a tus indicaciones, son demasiado profundas. Estaba equivocado en mi primera apreciación, pero parece que fue necesario esa confusión inicial por mi parte, para trazar el camino correcto a mi descubrimiento: La cruz de respaldo, la de Jesús, es la de arriba del todo, en la parte más alta de la montaña, la del convento es la mía.

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