31 Nuestro nacimiento real, y, único

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TEMA 31

Watsap a nuestra reina el 20 de diciembre 2018:

“Karmen, cariño, buenos días. Ha sido un nacimiento real. Bendita tú eres entre todas las mujeres, por que has sido bendecida por el Altísimo para dar a luz Reyes”.

En términos absolutos, y puesto que somos lo absoluto, solo se nace una vez. No hay tiempo en este proceso. Ocurre que no eramos conscientes de lo que somos, y de momento somos conscientes. Es como una inflexión de nuestro Ser absoluto, de la inconsciencia a la consciencia. Nuestro despertar o nacer a la realidad es un proceso eterno, o semieterno dicho de una forma figurada, considerando ese punto de inflexión en lo absoluto como eternidad. No eramos conscientes y de momento lo somos.

Siempre hemos sido lo mismo. Lo que ahora somos lo hemos sido siempre, osea el Dios Creador. Somo los magos creadores de todo, y todo lo creamos, tanto el universo físico como todos los planos o dimensiones de manifestación que no vemos desde nuestros cuerpos físicos, pero que forman parte en diferentes niveles de nuestra individualidad o ego: astral, mental , búdico, etc., y toda esta creación se produce con el único objetivo de despertar a la realidad, son a modo de herramientas que una vez despiertos se han de disolver.

Somos lo absoluto, en parámetros fisco-materiales podemos decir que somos lo eterno e infinito, y como tal, la fuente infinita y eterna de todo. Todo lo que queramos hacer y crear está a nuestra disposición, por que somo eso. Somos Dios Creando, y por tanto, no hay nada ni nadie superior a lo que somos, aun el Altísimo es un titulo que señala la máxima excelencia de haber conquistado lo que se es, pero eso que se es, no es más que lo que tu eres, o yo soy, o cualquier ser viviente es.

Lo único que hay que hacer es despertar y ver lo que somos, no hay nada más. Todo, absolutamente todo está lleno, antecedido y precedido de lo que realmente somos.

Ese despertar se sucede a saltos, es lo que llamamos nacimientos, nuestro despertar es un proceso a saltos de nacimientos.

Se nace una sola vez, estábamos dormidos y de momento estamos despiertos, ese proceso puede ocupar millones y millones de años, pero para lo absoluto que somos es un estallido de luz de consciencia que sucede de momento. No veías-sentías que eras y de momento ves-sientes que eres. Es así como los Dioses despertamos

Ese despertar en términos temporales no es gradual, si no a saltos o impulsos. A esos saltos le llamamos nacimientos, y esos nacimientos son como iniciaciones que nos aproximan impulsándonos a nuestro despertar de sueño en sueño, estos cada vez más vividos, más lúcidos, más reales, pero la percepción de total realidad solo se alcanza cuando definitivamente despiertas y ves que lo único real eres Tú.

Cada salto o nacimiento se empieza siempre de cero. Desde lo más profundo de la oscuridad donde se concreta nuestro retorno, nuestro camino de vuelta a nuestra divinidad. Desde que “empezamos” a encarnamos en la partículas más diminuta del universo, vamos recapitulando todo ese proceso cada vez que nacemos.

Cuando nacemos recapitulamos todas las formas que hemos ido adoptando en nuestro nacimiento desde los cuerpos más simples. El feto desde su primera forma celular va desarrollando desde cero todo lo que hemos sido en todo nuestro proceso evolutivo. Así como lo vemos externamente en una rana, que nace renacuajo, y luego le van saliendo la patas, las manos, etc. hasta transformarse en una rana. En realidad ha recapitulado en muy breve tiempo todas las formas que ha ido evolucionando ese ser a través de millones de años, hasta establecerse en su actual estado evolutivo que ahora continúa lentamente en un nuevo avance. Al hombre le ocurre exactamente lo mismo, podemos ver en el feto humano toda las fases de evolución en nuestra manifestación física, que las hemos ido conquistando muy lentamente, pero que cada vez que necesitamos nacer, impulsarnos de nuevo en nuestro despertar, debemos recapitular desde cero, desde nuestra formas energéticas o partículas más simples. Pues eso ocurre también en nuestros cuerpos astral, mental, búdico, etc. en todos los planos existenciales recapitulamos todo ese proceso: emocional, mental, conciencial, y que podemos apreciar de forma más notable en nuestra niñez. Nuestra niñez nos representa en breve tiempo toda nuestra evolución astral, mental, conciencial que hemos venido experimentando y trabajando a lo largo de millones de años. Nadie nos ha regalado nada sin esfuerzo en ese proceso, en todo caso nos han ayudado. Y según el estado evolutivo espiritual de cada cual, esa recapitulación puede llegar a una mayor o menor edad física, a partir del la cual se retoma nuestra nueva experiencia evolutiva. Por ejemplo, hay personas que han recapitulado hasta los 10 años, son almas jóvenes, y es a partir de ahí que su vida física entra en nueva experiencias evolutiva añadiendo pequeños avances, que serán puntos de partida en posteriores recapitulaciones, y hay gente muy avanzada que incluso pueden estar recapitulando hasta los sesenta o setenta años, y es a partir de ahí donde empiezan sus avances evolutivo, es cuando empiezan a rentabilidad esta encarnación, hasta entonces simplemente han estado recordando o repasando lo que ya han sido.

En términos absolutos estamos ante un nacimiento único, con infinidad de fractales de si mismos que se van reiniciando recapitulando desde cero hasta eclosionar en nuestro nacimiento real. Y en todos los nacimiento necesitamos el principio femenino que contiene, actúa como contenedor de ese proceso. El principio femenino y masculino es una disociación que hacemos de la unidad para reconstruir ese fractal de nacimientos, y obtener el poder, la fuerza que nos despierte. El centro es el principio masculino, el circulo el femenino. La tensión entre el centro y el circulo, cuando se reconcilian, cuando se reúnen, producen la descarga que nos despierta. Es una descarga que nos proporcionamos a nosotros mismos, pero que en nuestro despertar también hacemos el servicio de ayudar entre nosotros, para que ese proceso sea mejor, más estimulado y rápido en términos temporales.

Hemos nacido muchas veces en ese proceso, y hemos necesitado muchos contenedores, madres, pero cuando llega el momento del estallido final de luz, de iluminar completamente lo que somos, de iluminar la realidad, para eso necesitamos un contenedor real, una madre real. Una madre reina. Una mujer que ha conquistado el máximo poder de despertarnos. Dar luz a nuestro ser real es por tanto dar a luz un rey, a un nuevo soberano de si mismo, y, redentor. Despertar a nuestra realidad viene envestida por las energías de majestuosidad del Ser. Todos en nuestro despertar nos sentimos reyes, por que realmente somos reyes (reales). Por fin reinamos conscientemente en lo que somos. Y nuestro reino es infinito, eterno, sublime, glorioso. Esa percepción de gloria y eterna realidad nos acompañará por siempre. Hemos iluminado lo que somos, y lo que somos es sencillamente sublime. Todo ha valido la pena. La realidad no podía ser otra cosa que eso que somos, acompañados para siempre de nuestro poder y gloria infinita.

Gracias a nuestra Madre Real que ahora se está preparando para darnos esa oportunidad a todos, y gracias al Altísimo por presidir por siempre nuestro despertar.

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