22 Ser Rey del Espíritu

TEMAS 22

Se recomienda empezar los temas desde el principio, de abajo hacia arriba, empezando por el TEMA 1

Hay oficios que llevan implícito los accidentes de trabajo. Por ejemplo, un toreo, o un boxeador saben que con cierta regularidad va a tener un percance grave, o va a ser duramente castigado. Por el contrario, la inmensa mayoría de oficios, el tener percances serios suele ser muy excepcionales o nunca pueden llegar a ocurrir. De modo que, para ser torero, no solo hay que saber las técnicas propias del toreo, ser un buen “bailarín”, sino que ademas hay que tener valor para hacerlo delante de un toro. Seguramente habrán mejores, muchos mejores bailarines de los que ahora podamos ver en el toreo, pero que tengan el valor de ponerse a bailar delante de un toro, asumir que más pronto que tarde y en repetidas ocasiones van a ser apuñalados por la asta de un toro, son pocos.

Pues para ser rey hay que tener el valor de un torero, hay que aceptar que invariablemente, pronto o tarde, y con cierta regularidad, vas a tener percances graves, de la misma manera que un torero, el dolor y el sufrimiento forman parte del oficio.

Ser rey es disponer de los atributos creadores. Siempre somos creadores y soberanos de nuestra creación, pero en este caso, un rey reúne el poder creador de la humanidad, en servicio a la humanidad, asume la responsabilidad suprema de conducir a la humanidad a su despertar y trascendencia. Y el poder solo hay una forma directa y contundente de obtenerlo : Con el sufrimiento. Es duro decirlo, pero es por eso que todo es sufrimiento en nuestro derredor. El sufrimiento nos despierta y no proporciona los poderes del espíritu, también la belleza, el amor, la sabiduría …. con el sufrimiento obtenemos de nuestro centro, de nuestro interior más profundo, toda la belleza, todo el amor, toda la sabiduría, todo el poder, toda la sensibilidad que somos y necesitamos para reinar en nuestra creación.

El umbral de sufrimiento físico y emocional de un rey debe ser muy elevado, no solo para si mismo, sino hacia los demás. Un rey desarrolla una aguda y plena sensibilidad hacia el sufrimiento de los demás, no solo por que se identifica plenamente con el sufrimiento de todas las criaturas vivas, sino por que además nos ve como hijos. Y ellos presiden y administran todos estos procesos de redención, crueles y durísimos en los que estamos inmerso. Se necesita el suficiente controlo emocional,  para a pesar de su enorme sensibilidad, sobreponerse al sufrimiento que ve en nosotros, cuando este le está abrasando. Ese es el trabajo mas duro de un rey, tener que manejar sus emociones inmersos en el sufrimiento de sus súbditos, con el inmenso amor que nos tiene, y aceptar todo ese proceso de redención que nos hará libres. No obstante, a su vez, ver en el horizonte nuestro despertar y liberación, las excelsas bendiciones y dádivas que ello supone, es lo que les hace sobreponerse ante tanto sufrimiento y minimizar el efecto negativo de este proceso.

Un rey preside y administra todo el proceso de nuestro despertar, se involucra en la oscuridad que manifestamos, y que nos permite despertar y empoderarnos en el espíritu. No es una tarea fácil, y se ha de estar especialmente curtido en todas las batallas internas del espíritu. Pensamos en la imagen idílica de nuestro maestro y rey espiritual, Jesús, como un pastor conduciendo a un rebaño de corderos. Inocentes corderos amenazados por lobos feroces que pretenden meterles mano. Pero la realidad es que Jesús no es un pastor de corderos, sino un porquero que conduce una piara de cerdos, atascados de miseria y oscuridad hasta las narices. Y ese es su trabajo, arremangarse y meterse en el cenagal de miseria y oscuridad que vamos excretando, ir limpiando lo suficiente, aportar suficiente luz y conocimiento entre tanta oscuridad y negatividad, como para que no llegue a cubrirnos y asfixiarnos.

Para manejarse en ese ambiente hay que estar hechos de una pasta especial, y así los reyes son probados en todo tipo de circunstancias y percances en que podamos vernos envueltos, y al extremo de descender a nuestros propios infiernos. Esa fue la última prueba de Jesús, ir a las capas mas densas de nuestra oscuras creaciones, para así poder tener autoridad y control sobre esas energías y no sucumbir ni desfallecer ante la tremenda necesidad de tener que superar la ignorancia y oscuridad que invariablemente desatamos en nuestra etapas mas incipientes como seres humanos.

Las recompensa que proporciona a un rey una humanidad que ha trascendido su etapa de oscuridad y definitivamente despierta a su trascendencia, es de una belleza, magnificencia y dicha inenarrables. El gozo de poder compartir con todos nosotros los tesoros del espíritu, saborear el dulcísimo néctar de nuestra reconciliación,  se queda permanentemente en este día eterno que se abre ante nosotros. Al final todo ha valido la pena, todo se ha traducido en un eterno presente de majestuosidad y gloria, y todo el sufrimiento que nos ha traído hasta aquí, ha quedado atrás como un sueño, un mal sueño que nunca más volverá a ocurrir.

Esta entrada fue publicada en Categoría Blog 1 y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *