13 Dios, ni está fuera de mí, ni está en mí, soy yo

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TEMA 13

A lo largo de mis escritos vengo haciendo  referencias a este asunto, pero es tan importante para afrontar debidamente esta nueva etapa de nuestra evolución,  que quiero dedicar este escrito solo para subrayar esta idea.

Sois dioses, cosas como yo y mayores estáis haciendo-. Es muy importante aclarar este concepto, esta idea que nos dejó Jesús, puesto que va a ser el referente clave de esta nueva era. Fijaros que dijo ‘estáis haciendo’ y no ‘haréis’, esto último es tal y como interpretan las religiones, como que es una aptitud o dones que desarrollaremos con el tiempo,  la misma magia que desarrollaba Jesús así también nosotros, incluso cosas más sorprendes  haremos, aunque ya es difícil imaginar que se pueda hacer algo superior a resucitar un muerto. Si bien, algo superior puede ser  la propia creación. Cuando él dice: ‘sois dioses’, la tarea principal de un dios es la creación, y la creación está ocurriendo ahora.

El concepto de dios ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, en primer lugar, las religiones han puesto a dios fuera: Se le imaginaba como a un señor de edad avanzada, cabellos y barba blanca, en las alturas, sentado en un trono, que dicta una serie de leyes que hemos de cumplir si queremos estar congraciados con él, y lógicamente es el único creador y todopoderoso, y nosotros tan solo somos sus criaturas. Criaturas imperfectas ocasionalmente creadas por él.

Esta idea inculcada por la religiones a evolucionando últimamente y el nuevo conocimiento espiritual nos dice que dios está en nosotros, y está en todas parte, y en todas las cosas. Eso en cierta medida es así, y es aceptable, pero aunque dios está en nosotros, todavía se refiere, o lo entendemos como una entidad diferente a nosotros, pero que en su omnipresencia está en nosotros y opera a través de nosotros. Y efectivamente, es así como ocurrió con Jesús y con nuestro Padre, pero nuestro Padre espiritual  es una entidad diferenciada, una identidad propia, es un dios como lo somos cualquiera de nosotros, la diferencia que Él es un dios despierto, y nosotros somos dioses dormidos, y Él como dios despierto, asume el rol de tutelarnos como hijos en nuestra evolución, y puntualmente y dada nuestras necesidades y momento evolutivo, operó de ese modo a través de Jesús.

También hay  un concepto que se está imponiendo con las nuevas enseñanzas espirituales, señalando que somos una chispa de la divinidad, como un gota de agua del océano, pero no el océano completo. Tenemos todas las características y atributos de la divinidad, o del agua del océano, pero somos tan solo una parte que emana de ella, una gota, una chispa. Tampoco es del todo cierto. Somos la divinidad completa, el océano completo. Yo soy el absoluto y único, y no hay nada más allá, ni más grande, ni hay nada infinito en mí (la infinitud espacial o temporal no tiene sentido en la unidad, o en lo absoluto, es simplemente una abstracción). Jesús no dijo que fuéramos chispas, o partes a imagen y semejanza de la divinidad, o de dios, sino que eramos la divinidad misma, eramos Dios.

De modo que, Dios somos nosotros, no está en nosotros, sino que somos nosotros. Nosotros somos lo absoluto, lo único, los creadores de todo, los todopoderosos, omniscientes y omnipresentes. Creamos todo este escenario universal, creamos nuestro ego y somos la vida misma que pone en marcha nuestro despertar. Despiertos es lo único que no somos por naturaleza. Esa es la razón por la que montamos todo esto, para despertar.

No hay nada en el universo comparado a lo grandiosos y poderosos que somos cada uno de nosotros como dioses, solo que somos dioses dormidos, pero nuestro poder creador se manifiesta con toda su magnificencia, poder y sabiduría aunque estemos dormidos. Para ser dios creador no necesitamos ser conscientes. Somos dioses en cualquier circunstancia y estado de conciencia, y nuestra creación se desarrolla igualmente en toda su magnificencia,  sabiduría y perfección, más allá de nuestra compresión consciente.

Lo deseable en todo esto es que seamos conscientes, y por eso montamos todo este tinglado universal, el que vemos, y el que no vemos, que es mas grande todavía, osea, otros planos o densidades de existencia, y así vamos poco a poco despertando y viendo todo ese proceso creador. Un proceso creador que en su génesis es de una belleza, una armonía y amor inconmensurable, indescriptibles, hay tanto amor y gozo en lo que somos, en la esencia de lo que somos,  que es nuestra máxima prioridad ser conscientes de ello. Es la única razón que crea y mueve el universo: Tenemos que despertar para ver lo extremadamente maravillosos que somos y así llenarnos del  gozo y la gloria inconmensurable de ser, y ese despertar requiere montar este tinglado que es el universo, pero lo montamos nosotros sólitos, individualmente, nadie lo monta por nosotros, ni lo puede montar más que cada uno de nosotros. Nuestros hermanos mayores, quienes nos adoptan como hijos, padres y madres del espíritu, simplemente nos llevan la delantera en este proceso, y nos conducen en nuestra inconsciencia u oscuridad con su luz, para que este proceso sea exitoso en el más breve tiempo posible.

Nuestro Padre Madre es un Dios, tal como lo somos cada uno de nosotros, exactamente igual. Cuando ungió o invistió a Jesús con su presencia, con su esencia, en ese caso, si es correcto decir que es una entidad diferenciada de Jesús, que opero a través de Jesús. Era correcto que Jesús dijera: el Padre esta e mí’, ‘viéndome a mí estáis viendo al Padre’. Pero padre o madre del espíritu es un titulo, una responsabilidad que se asume en nuestro proceso o camino de despertar, y que pronto o tarde adoptaremos cada uno de nosotros, pero como dioses no hay ninguna diferencia entre nuestro Padre Madre del espíritu y cada uno de nosotros, en ese aspecto somos exactamente iguales, y hacemos exactamente las misma cosas, la única diferencia es que nuestro Padre Madre espiritual es un dios despierto y nosotros somo dioses dormidos, en camino de despertar.

Hay gente que llegan a tal punto de poder material en la Tierra, emperadores, reyes, dictadores, potentados, etc.  que llegan a creerse dios, bueno, pues tienen toda la razón. Dadas las circunstancias privilegiadas que viven  empiezan a identificarse con lo que realmente son, tienen esa poderosa intuición, y es correcto que así sea, el problema es creerse que solo él es dios, que es un dios único. El ejercicio más grande de soberbia que pueda haber es reconocerse, descubrirse así mismo dios y pensar que los demás no lo son, pero ojo, cuando tenemos nuestra primera experiencias conscientes de nuestra divinidad, ocurre exactamente así, la percepción es que somos los únicos y por tanto soberanos del universo, es un percepción de nuestra realidad tan poderosa que no deja ninguna duda, y claro, es algo que debemos necesariamente manejar correctamente, pues nuestra arrogancia y orgullo se dispararía en la medida que vamos despertando, en la medida que vamos descubriendo lo que realmente somos. Nuestra experiencia en la vida física es precisamente para evitar dejarnos llevar por esa percepción de nuestra realidad, por la magnificencia y el poder que realmente somos. Puesto que somos lo absoluto, y lo absoluto es todo, y lo ocupa todo, no hay nada más allá, y como creadores que somos de todo, nos vemos rigiendo ese proceso, y es lógico por tanto que tengamos esa percepción tan elevada y excelsa de nuestra realidad. Realmente Yo Soy el soberano del universo

Esta es una visión muy potente y reveladora de nuestra realidad, y como dioses, somos la sabiduría, la magia, el amor, la magnificencia, la majestuosidad sin límite. Si nos dejamos llevar por eso que realmente somos, ocurre que lo ocupamos todo. Somos lo absoluto y no hay nada más allá, y realmente es así: Solo Yo Soy. Pero hay otros universos otros yoes, esto es evidente, y como absolutos que son también, ocupamos el mismo espacio, aunque aquí hablar de espacio es figurado, por que lo absoluto no es espacio sin fin, es la totalidad sin más,  nada hay más allá, pero es obvio que hay mas gente, más yoes, y todos tenemos esa cualidad única de ser lo absoluto, aunque de momento no nos veamos entre si con esa cualidad, necesariamente estamos compartiendo el mismo “espacio”, no hay otro lugar o “espacio” donde estar o ser. Todos nos interpretamos en ese mismo absoluto o uno. Pero ese compartir el mismo “espacio” o la misma unidad, no es algo que veamos de por sí, es algo que hay que trabajar en la medida que vamos despertando. La experiencia en le vida física es precisamente para ir identificándonos con los demás, sensibilizándonos, sentirnos en los demás, reconocernos en los demás, y así, en la medida que vamos despertando y sobre todo creciendo en humildad, nos vamos apartando de esa soberbia natural de vernos lo único y absoluto, nos vamos sintiendo uno con los demás, y ese absoluto diferenciado que en principio nos vemos, se va haciendo a modo de transparencia, y como capas traslucidas nos vamos solapando superponiéndonos con los demás, interpenetrando con los demás.

Hemos dicho que nuestro estado de divinidad es un estado de dicha y gloria inconmensurable, aunque es el estado más gozoso en el que nos podamos encontrar, y no necesitamos más,  sin embargo es limitado. Es decir, está limitado a esas cualidades o atributos que hemos mencionados, sin embargo, cuando compartimos, cuando nos interpenetramos con los demás, e interactuamos con esos estados de gozo y plenitud que son los demás,  además, compartimos la diversidad y singularidad de cada cual, es entonces que, la diversidad y singularidad que aportamos cada uno, es lo que hace infinita la experiencia como seres despiertos, tanto como individuos o yoes hayan, y si los individuos o yoes, a saber, es en número infinito, nuestra experiencia del Ser, a parte de la belleza, el amor y la gloria de sentirnos a nosotros mismos, la hacemos una exploración de infinito número de posibilidades. En la medida que vamos reconociendo a los demás como dioses se abre las puertas de nuestra exploración del espíritu a lo inconmensurable, ilimitado, sin fin, a la Conciencia Única que Somos Todos. Compartimos el gozo y la gloria infinita del Ser con la diversidad y majestuosidad infinita del Somos, tanto, como trasparentes seamos capaces de ser, tanto, como humildad seamos capaces de conquistar.

 

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