11 Reyes y Reinas del Espíritu ‘Ama al prójimo como a tu hijo’

 

 

 

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Este tema es en contestación a un comentario hecho por Dilia

TEMA 11

El universo está gestionado por reyes y reinas, este es un tema que se desconoce por la mayoría de buscadores espirituales y  creyentes religiosos, poco o ningún conocimiento se divulga al respecto. Hasta ahora, se ha venido hablando de maestros, profetas, avatares, budas, santos, mesías, etc, pero la figura de rey o reina del espíritu apenas se conoce. Ahora, en esta transición  hacia una  nueva era, es asunto importante saber de su presencia y función, pues es una etapa en que la humanidad se va a ver inmersa en un proceso colectivo de despertar y ascensión, y eso, es una tarea de reyes y reinas del espíritu.

También es necesario conocer sobre este aspecto de nuestra divinidad, por que este proceso de despertar viene asociado a ser envestido de la realeza y majestuosidad del Ser. Este aspecto o estado del Ser, va a ser conquistado colectivamente por la humanidad en esta nueva etapa. Es el estado de trascendencia, donde ya no necesitaremos más de las experiencias físicas y seremos padres y madres creadores. Jesús y María Magdalena fueron un ejemplo de ello. Jesús asumiendo la responsabilidad de Padre de la humanidad, e invistiéndose de la realeza del espíritu, de su principio masculino, en el ritual de la cruz. María Magdalena asumiendo la responsabilidad de Madre de la humanidad, e invistiéndose de la realeza del espíritu, de su principio femenino, en ese mismo ritual.

Ellos vinieron a ser ejemplo de ese proceso, en el que nos vamos a ver reflejados todos nosotros, quienes así lo deseemos y nos esforcemos por conquistarlo. Tenemos por delante al menos 1.000 años para este cometido, pero es importante que vayamos ya centrándonos en los requisitos fundamentales para aspirar a tan alto estado y responsabilidad.

Jesús nos dio las claves, pero las religiones nos las han ocultado. Con sus misticismos, sumisismos, y buenismos, lo han tergiversado todo, para hacer de sus enseñanzas un medio simple de control y sometimiento social.

Jesús nos dejó la enseñanza clave en la forma más elevada de ejercitar el amor, que no es el amor de hermandad, sino el amor fraternal. Para ser padres y madres del espíritu debemos  imperiosamente desarrollar nuestras  relaciones humanas en la forma de amor fraternal. Y esto es una cuestión que Jesús dejó establecida con la parábola del joven rico. Dejó establecida pero no con el propósito de hacerlo práctico en aquel momento de nuestra evolución,  puesto que en ese momento lo que procedía era desarrollar entre nosotros el amor de hermandad. Veamos lo importante de esta diferencia.

Mateo 19:16 Este hombre, fiel seguidor de sus enseñanzas, le pregunta a Jesús ¿qué ha de hacer para alcanzar la vida eterna? Jesús le recuerda todos los preceptos de la ley en base a sus enseñanzas, a lo que el joven le contesta que ya los cumple. Entonces Jesús añade: –Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sé mi seguidor.

Vemos en primer lugar que, Jesús cuando comprueba que el joven cumple con todos los preceptos que estaba enseñando, entonces señala ese grado de perfección. O sea, en sus enseñanzas, en esa primera etapa, no  pretendía que alcanzásemos la perfección, y no lo pretendía, lógicamente, porque no era nuestro momento evolutivo, pero ante las exigencias del joven rico, encuentra la oportunidad de dejar establecida esa idea, y es aquí, donde encontramos la diferencia entre ese amor de hermandad que vino a enseñarnos en una primera etapa, y el amor fraternal que hemos de desarrollar en esta etapa que recién empezamos, y que nos va a proporcionar un nuevo y espectacular impulso evolutivo, que  permitirá alcanzar nuestra realeza, y las cotas más elevadas de nuestra divinidad.

El amor fraternal es el que rige instintivamente nuestra conducta en nuestras funciones como padres y madres, y es ahora que corresponde desarrollarlo en consciencia en nuestra relaciones humanas. O sea, vernos, no como hermanos, sino como hijos, asumir cada cual la responsabilidad de todos como si fuéramos nuestros hijos. Fijaros la diferencia entre ‘amar al prójimo como a ti mismo’, y, ‘amar al prójimo como a tu hijo’. A los hijos se les ama más incluso que a uno mismo. Lo que llegamos hacer por un hijo, no lo hacemos por nosotros mismos. A poco que imaginemos cuales pueden ser los resultados de desarrollar nuestro amor fraternal en este mundo, es fácil adivinar que, esto puede imprimir un ritmo evolutivo impresionante, sin precedentes, lo que nos ha costado millones de años llegar a este nivel de consciencia, ahora se puede acelerar exponencialmente, y culminar nuestra realización y despertar en breve tiempo.

Para entender esto es necesario entender correctamente la parábola del joven rico, pues las religiones se han encargado de tergiversarlo debidamente para presentarla como algo poco atractivo. Jesús no le dijo al joven rico: – vende todo y da (todo) a los pobres, y sígueme en la austeridad y la pobreza. Jesús no nos quiere pobres, sino ricos, inmensamente ricos, lo único que nos pide es que esa riqueza la revirtamos en producir más riqueza, la entreguemos a todos para que revierta en más y más riqueza, y de ese modo, y a cada vuelta de esa riqueza, ahora como energía creadora, cada vez seamos más y más ricos, hasta llegar todos a la plena abundancia. Enriquecernos, enriqueciendo a los demás. Crecer, creciendo los demás. Ese es el nuevo modelo de gobernación, de relaciones humanas, que se nos propone para esta nueva etapa, y que no tiene más que esa única  ley: ‘Ama al prójimo como a tu hijo’.

Es lo que propuso Jesús al joven rico ante su exigencia, aunque en aquel entonces no estábamos preparados para asumir ese rol. Jesús no le dijo vende tus bienes, sino le dijo que no los retenga como si fueran propios. Adminístrarlos como patrimonio común,  ofreciéndolo a los demás para que reviertan nuevamente en más riqueza, y así generando una espiral ascendente de riqueza y prosperidad para todos, y siempre como patrimonio común. Un patrimonio que es de todos, pero en el que tienes el privilegio de administrarlo como si fuera propio, y de este modo, tus proyectos, tu propósito creador llevarlo al máximo nivel de realización posible. Una obra de abundancia, belleza, felicidad y perfección al máximo nivel posible ¿Que más puedes pedir a este mundo? Crecer en riqueza y poder, creciendo los demás, que así la Tierra sea llenada de tus frutos en perfección, sin desequilibrios, sin agredir nuestros entorno naturales, respetando toda forma de vida y siendo fuente de salud, de seguridad y felicidad allá donde vayas.

Y Jesús continua diciendo al joven rico : ….. y tendrás tesoros en el cielo…., ¿Es que para tener tesoros en el cielo has de vivir en la pobreza en la Tierra? En absoluto, tal y como es abajo es arriba, si queremos tener riqueza en el cielo es imprescindible cultivar aquí la riqueza, la abundancia, crear un entorno de máxima prosperidad. Cualquier cosa que hagamos aquí, es lo que tendremos allá. No obstante hay que entender bien esta idea, pues si pensamos por eso que la gente rica de este mundo, por ser rica aquí, lo va a ser en el cielo, tenemos que ver qué es lo que realmente están creando en su entorno y a costa de qué tienen esa riqueza. Si analizamos, vemos que todas las fortunas de este mundo surgen de generar en su entorno pobreza, necesidad, explotación, guerras, enfermedades, miseria, destrucción del medio natural, etc, eso es lo que realmente crean con sus fortunas, y eso es lo que tendrán en sus cielos ( que en realidad tendrán mas bien pinta de infiernos). Por eso hay que cuidar no caer en ese error, ser inmensamente ricos, pero sin poseer nada, de ese modo estamos generando riqueza y abundancia sin fin en nuestro entorno, y ese es el gran tesoro que nos espera en el cielo.

……y ven, sé mi seguidor. dice Jesús concluyendo. No se refiere a vente conmigo a todos lados en la austeridad y la pobreza, sino sigue mis enseñanzas en su esencia, en sus principios fundamentales, unos principios que han sido ocultados, desestimados por las religiones, porque son los que nos llenan de abundancia, riqueza y felicidad, y sobre todo, de poder, cosa que evidentemente no le interesa a ninguna religión, y que  precisamente están para que nunca lleguemos a empoderarnos en nuestra divinidad.

El amor fraternal, es el amor que toca desarrollar en esta nueva etapa evolutiva que se abre ante nosotros, y que en estos momentos de transición tiene un especial valor, puesto que si nos uniésemos un mínimo de gente, conscientes de esa necesidad,  y conscientes del proceso que se está abriendo ante nosotros, el cambio a esta  nueva era no sería traumático. Un proceso que está anunciado extremadamente catastrófico y cruento, se podría hacer de forma gradual y sin resistencias ni reacciones negativas. Aunque parece que la gente  acepte que sea tal y como está anunciado en las escrituras: apocalíptico. En absoluto es necesario que sea así. Ese es el gran problema al que nos enfrentamos en estos tiempos, y al que las religiones están contribuyendo de una forma determinante. Esa es la gran manipulación que conduce a que este cambio de era sea inevitablemente  catastrófico, al estar induciendo la religiones en sus fieles  que el apocalipsis, la gran tribulación,  es el preámbulo  al nuevo reino. Entonces la gente contempla con gozo ese acontecimiento catastrófico, por que piensan que cuando se den esos acontecimientos,  la venida del mesías y su reino es inminente, cosa que es absolutamente falsa, el nuevo reino vendrá con o sin apocalipsis, pero solo  nuestros deseos de que haya un apocalipsis es lo que puede generar esa realidad. Somos nosotros, la gente común, los creadores de nuestra realidades, ellos, quienes gestionan este sistema, no pueden modificar una realidad que creamos nosotros, pero si pueden inducir en nosotros esos deseos para que crear esa realidad. Ese es el propósito ahora mas importante de todas las religiones, que si continúa así, traerá inevitablemente esa tremenda desgracia, pero no el reino, no serán ellos, los seguidores fieles de toda religión, quienes atraigan el reino deseado aquí en la Tierra, por buena que sea la voluntad que los motive,  por buenos que sean cumpliendo sus leyes dogmáticas. Atraerán y tendrán lo que han deseado y creado. El nuevo reino solo puede ser atraído con el deseo y las acciones correctas.

Este nuevo  reino de paz y prosperidad para todos,  aunque es inevitable, solo nosotros  podemos permitir su manifestación,  y solo vendrá cuando adoptemos la actitud correcta, fundamentada en nuestro amor fraternal. Cuanto más tardemos en hacerlo, más vamos a estar presionados por las circunstancias, por estas energías que traen el cambio, hasta tornarse extremadamente dramáticas y cruentas si así fuese necesario.

A lo largo de nuestra historia, las profecías se han venido anunciando con el propósito de no ser cumplidas. No tendría sentido alguno que nos advirtieran de algo si va a ocurrir inevitablemente. Pero ocurre que, nunca se ha hecho caso de estas advertencias, no se han tomado las medidas oportunas, que estaban en nuestras manos tomar, y así las profecías han venido cumpliéndose inevitablemente.

Esta profecía que está anunciada para estos tiempos como apocalipsis, se señala como una catástrofe humanitaria sin precedentes. Perfectamente se pude evitar, pero hemos de dar ya los pasos necesarios. Nuestro siguiente paso evolutivo es ser Padres y Madres de la creación, de nuestra creación,  y Reyes y Reinas del Espíritu, envestirnos de la majestuosidad del Ser. En la misma medida que se nos exige la aptitud idónea para tan alta aspiración, así  serán las pruebas, y el amor fraternal es la clave para que este camino que  nos conduce a tan elevadas metas se allane, y todo salga bien y pronto.

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