3 Los 144.000 y sus ángeles caídos.

(Se recomienda empezar los temas desde el principio, de abajo hacia arriba, empezando por el TEMA 1)

 

TEMA 3

 

‘La humildad perfecta no es una virtud que se haya de trabajar y conquistar, es la consecuencia inevitable de una visión perfecta de lo que somos’.

Los 144.000 es un grupo de personas venidas de civilizaciones más desarrolladas que se hicieron cargo de una humanidad incipiente, en su infancia evolutiva, como era la nuestra hace unos cuantos miles de años, para ayudarnos y enseñarnos todo lo necesario para una rápida evolución. Es lo que parece suele ocurrir con cualquier humanidad que empieza sus primeros pasos, en cualquier punto del universo.

Un  notable grupo de personas, de otros lugares del universo, que se ofrecen voluntarios para hacerse cargo como maestros de esa humanidad, y los hay de todas las disciplinas: en las ciencias, la política, la filosofía, en las religiones (maestros en la magia, las ceremonias y rituales) en la sociología, en el arte, la cultura, etc. y estas personas vienen encarnando repetidas veces, a lo largo de la historia, a la par que el resto de humanos, y lógicamente destacando muy notablemente sus cualidades y conocimientos sobre los demás. Nos enseñan cosas que ya traen, no que han aprendido aquí, lógicamente, y por eso, esos genios, guías, maestros, que han destacado tanto sobre el común de los mortales.

En esta contribución voluntaria, debemos entender que, si bien, esta gente eran muy avanzados en conocimiento y en cada una de sus disciplinas, no por eso eran almas perfectas, y por tanto, también venían a aprender o mejorar en sus diferentes aspectos evolutivos. Y hay una cuestión en nuestro condición y carácter que es la más complicada de perfeccionar, y por cierto, la más necesaria, requiere no solo una especial disciplina, sino una perfecta visión de nuestra realidad. Es el orgullo y todos sus derivados (vanidad, soberbia, endiosamiento, engreimiento,  pedantería, arrogancia, petulancia …)  producto de nuestro egocentrismo. Conseguir la humildad necesaria que permita liberarnos y deshacernos de este espejismo a que nos somete nuestra ignorancia u  oscuridad es la tarea más exigente y complicada.

Para entender en que consiste ese nivel de exigencia, y la sutilidad con las que nos podemos autoengañar,  debemos imaginar ese grupo de los 144.000 como si cualquiera de nosotros  nos decidiéramos a ayudar a una de esas tribus aborígenes de los más primitivas que se encuentran en nuestro planeta, y fueras como cooperante a enseñarles y ayudarles. Vas a compartir tus conocimientos, y lógicamente tu eres el maestro y ellos son los alumnos, y por tanto, te sientes superior a ellos, y es lógico que así sea. No necesariamente es una superioridad que marque diferencias como para mirar con aire de grandeza a los demás, pero ciertamente eres más que ello, por eso estás ahí. Podrás ser una buena persona, humilde en muchos aspectos, y saber ponerte a la altura de ellos y tratarles con cariño, pero siempre te reconocerás superior, y lo que tu hagas y digas será lo bueno y lo correcto para ellos. Bueno, pues aun en ese grado de humildad y amorosidad, ese es el problema, creer que eres más que ellos o superior, al punto de imponer  tus criterios de lo que es bueno o lo mejor para todos. Es así como se han visto  la inmensa mayoría de los 144.000. Han habido, no obstante, que se les ha subido el orgullo por encima de limites razonables, y en su convicción, y si se quiere, con el propósito de hacer cosas buenas y grandes por los suyos, creyendo que era verdadero amor a los suyos, llevaron al límite la idea de que el fin justifica cualquier medio, y de ese modo han llevado a sus pueblos a la esclavitud o al desastre. Tenemos el ejemplo con lideres políticos, militares, magos ceremoniales, que han ejercido una gran influencia sobre sus pueblos, con propósitos elevados, o bien intencionados, para al final llevarlos al desastre. Este pequeño número de personas de entre los 144.000, que puede rondar entre las 500 o 1000 como mucho, son los llamado ángeles caídos. No solo no han perfeccionado esa actitud, sino que se les ha apoderado hasta ser atrapados en la más absoluta oscuridad de sus almas. Es un estado muy complicado de salir por que realmente se manejan conceptos elevados del bien,  de la luz,  pero todo dentro de la dualidad. Es muy difícil salir de esa convicción cuando se tiene un gran nivel intelectual, puesto que es difícil que alguien te cuestione, o aceptes que alguien te cuestione. La inteligencia, llegado un punto es un arma de doble filo, y nos inmoviliza en nuestra elevada convicción del bien. Aunque ilumina nuestra realidad, no es luz propia. La inteligencia es un instrumento valiosísimo en nuestra primeras  etapas como humanos, pero destinado a deshacernos de ello cuanto antes, o subordinarlo con un perfecto control y conciencia de nuestra realidad superior. No es nuestra propia luz que ilumina nuestra realidad, por eso la entidad que ha desarrollado este aspecto al más alto nivel, que se le da en llamar,  ‘luz-ifer’ o ‘luz-bel’, no es una entidades con  luz propia. Esa luz la obtiene de fuentes externas, de otros seres, con dolor y sufrimiento (con sacrifico rituales, o generando conflictos, enfermedades, etc.), que la apropia y refleja. Es portador de luz, por que la acumula, pero no la emana de sí, por eso se hace llamar lucero del alba, o estrella del amanecer, parece una estrella, pero en realidad es un planeta (Venus) que refleja la luz del sol, no es por tanto  luz propia. Ha hecho de ese  instrumento externo de iluminación su finalidad, su objetivo más elevado, confundiéndolo con su propia divinidad, con su luz, y por tanto no desarrolla su propia luz, de ese modo manteniéndose en la más absoluta oscuridad interior.  El intelecto se ha enseñoreado de él inmovilizando su divinidad. Ningún ser iluminado con luz propia se autoasigna ese título, ni se presenta como entidad luminosa. Gracias a ese caudal de luz o energía externa que acumula puede ofrecer cosas de gran belleza y magnificencia, cosa que atrapa a mucha gente y los subordina, los hace dependiente a él, ese es su objetivo y máxima necesidad, rodearse de gente de la que pueda obtener la energía que le permita mantener su cuerpo de manifestación, pero son solo efectos externos, nunca nos podrá ofrecer el camino a nuestro interior, a nuestra divinidad, a nuestro despertar.

Se mistifica el  concepto de superioridad del intelecto, de una luz o intelecto que opera en los planos de la dualidad, el problema es que se hace de ello una finalidad cuando simplemente es un medio, y no nos permite salir del juego de la dualidad, del bien y del mal. Y creemos que luchar por el bien es el objetivo más elevado. Hay razas extraterrestres muy avanzadas que están enrocadas con esa idea, es el ejemplo que tenemos de razas extraterrestres benévolas enfrentadas con razas extraterrestres hostiles, pero ese bien, esa voluntad por luchar por el bien, no es más que la otra cara de una misma moneda. Es el juego de la dualidad, y esto es simplemente un juego, el juego de nuestro despertar, no puedes hacer de este juego tu objetivo final o permanente.

Refiriéndonos al grueso del equipo, de los 144.000, ese sentimiento de lógica superioridad, ha sido y está siendo su caballo de batalla. ¿Hay alguien que haya vencido o superado este asunto? Seguramente hay muchos, pero que tengamos constancia: Jesús. Y para entender lo que voy a contar a continuación es necesario que leáis el tema anterior: ‘Yo soy el camino, el caminante y el caminar’ .

Jesús viene aquí como uno de los 144.000 y su especialidad es la del sacerdocio, osea un mago de ceremonias y rituales. Es una disciplina que a diferencia de otras se alinea más con lo esencial de nuestra evolución espiritual, no obstante puede ser un arma de doble filo, por que el ego u orgullo espiritual en la misma medida es más complicado de ver y controlar. Pero Jesús descubre su realidad ‘Yo Soy’.

Cuando se tiene una experiencia directa de esa realidad, te das cuenta que eres todo. Eres el creador de todo, eres lo  supremo y absoluto. Claro, haciendo un simple ejercicio comparativo, te das cuenta que los demás son exactamente lo mismo. Si manifiestan un condición inferior, no es por que sean inferiores, sino por que están más dormidos, y estar más dormidos es una cuestión transitoria, no es la realidad que ellos son, que todos somos. Todos somos exactamente lo mismo, no importa el papel o la jerarquía que ocupemos eventualmente. Pues es en ese momento, en esa visión de su realidad, que en Jesús desaparece cualquier vestigio de superioridad, y es cuando nos dice: ‘Sois dioses, y como ‘yo soy’, cosas superiores hacéis’ *

¿Como puedes sentirte superior cuando estás viendo claramente en esas personas que te rodean, de quien eventualmente eres maestro, ves en todos ellas  a dios, a lo absoluto, a lo eterno, a lo supremo, a la sabiduría infinita? Cuando se da ese reconocimiento,  desparece todo vestigio de superioridad, ves a todos los seres del universo, en número infinito, como iguales, y esa visión te pone a los pies de tu realeza, de ser envestido Rey del espíritu. Un Rey del espíritu reina en los supremo, y por tanto, ha de tener una visión continuada ininterrumpida de los supremo que somos todos.

  • Las escrituras terminan diciendo,” … y cosas superiores haréis ”  Pero no es eso lo que dijo Jesús, sino, “estáis haciendo”  Todos pesamos que Jesús se refería a que en un futuro desarrollaremos la mismas cualidades, la misma magia que él estaba ejerciendo, pero en su visión de vernos  dioses, él está viendo que esa magia la estamos desarrollando  ya, en cada momento, como creadores y sostenedores del universo. Por tanto él vino a decir: -Algo superior estamos creando, y como dioses que somos,  a cada momento y permanentemente creamos el universo-.
  • Es muy importante entender bien  este asunto: Dios no está en nosotros, somos nosotros. No hay otro creador más que cada criatura que se manifestá en el universo, y nadie puede crear el universo en el que nos manifestamos más que cada uno de nosotros. Somos  los creadores, y en consecuencia artífices y únicos responsables de todo lo que ocurre y nos ocurre.
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